Heriberto Lara: 25 años de política, servicio y una forma particular de entender el poder

Por. Martín Parra

De la vida en el comercio y el deporte al Concejo de Floridablanca y luego a la construcción de un equipo político familiar. Heriberto Lara habla de una trayectoria marcada por el servicio, las relaciones, la disciplina electoral y una palabra que repite como principio: servir.

Heriberto Lara nació en Piedecuesta, pero su historia está profundamente ligada a Floridablanca. Apenas tenía unos 15 días de nacido cuando sus padres llegaron al municipio y comenzaron allí una vida alrededor del comercio. Su padre compró el negocio La Sultana y, desde entonces, Floridablanca se convirtió en el escenario de su infancia, su juventud, su trabajo y, con los años, de su carrera política.

“Me considero 200% florideño”, dice Lara al recordar aquellos primeros años.

Estudió en la educación pública y posteriormente se graduó del colegio José Elías Puyana. Antes de pensar en una candidatura, conoció el mundo del trabajo desde distintos frentes: el comercio familiar, la fabricación y venta de muebles, tiendas, loncherías y otros negocios. También pasó por entidades públicas y por el sector de la salud.

Pero hubo otra actividad que terminó siendo importante en la construcción de su reconocimiento local: el deporte.

Lara recuerda sus años jugando microfútbol y la participación en campeonatos de Mil Ciudades de Floridablanca. El deporte, el comercio familiar y el trabajo social fueron creando una red de relaciones que, con el paso del tiempo, terminaría convirtiéndose también en capital político.

La política llegó después

Lara asegura que nunca soñó de niño con ser concejal. Incluso recuerda que alguna vez quiso ser alférez. La política apareció después, cuando ya tenía experiencia laboral y un recorrido de servicio en los barrios.

Antes de lanzarse a una elección propia, trabajó políticamente junto a dirigentes como Juan de Jesús Manrique y Aristóbulo García. Fueron años en los que comenzó a conocer de cerca las dinámicas electorales y, sobre todo, a construir relaciones con la comunidad.

Hasta que llegó una pregunta recurrente de la gente: “Lara, ¿y usted por qué no se lanza?”. Decidió hacerlo.

Y llegó la primera sorpresa: obtuvo la mayor votación de Cambio Radical en aquella elección. Después volvió a aspirar y consiguió nuevamente una curul, esta vez como segundo en la lista de su partido.

Fueron ocho años en el Concejo de Floridablanca. Durante ese tiempo presidió la Comisión de Presupuesto y también ocupó la Presidencia de la corporación en 2015.

Pero el final de su etapa como concejal no significó el final de su actividad política. Fue, en realidad, el comienzo de una estructura diferente.

Una política que se construye antes de las elecciones

Quizás una de las frases que mejor explica la manera como Lara entiende la actividad política aparece cuando habla de las campañas. Según su propia definición, los meses de campaña no son el momento en el que comienza el trabajo político. Son el momento de recoger lo sembrado durante años. “En esos tres meses lo que uno hace es recoger lo que uno ha sembrado en 25 años de carrera política o de carrera de servicio social”, explica.

Y en esa misma conversación aparece una palabra que él mismo reconoce que puede sonar incómoda, pero que no evita: calcular. Para Lara, una elección también se construye con números, organización y conocimiento del territorio. “Esto se gana con números y uno calcula”, afirma.

No lo presenta como una fórmula infalible. Por el contrario, reconoce que una campaña siempre tiene incertidumbres y que ni siquiera en los días previos a una elección existe tranquilidad completa. Para él, el resultado electoral es la consecuencia de un trabajo que comenzó mucho antes de que se abrieran las urnas.

Amigos, confianza y servicio

Hay otra idea que atraviesa buena parte de la conversación: la importancia de las relaciones construidas durante años. Lara dice que entiende la política como “el arte de servir”, pero también como el arte de hacer amigos, orientar a la comunidad y ayudar a la gente.

En su visión, el respeto político no se obtiene únicamente con una elección. Hay que ganarlo y, después, conservarlo. “Hay que ganarse un respeto”, sostiene, mientras habla de la importancia de la franqueza, la sinceridad y la credibilidad. Esa red de relaciones, explica, también ha sido determinante cuando alguien llega buscando una oportunidad.

Lara hace una precisión: un concejal no es quien contrata directamente. Las decisiones administrativas corresponden al Ejecutivo. Lo que puede hacer un dirigente, dice, es gestionar, orientar y acudir a las relaciones que ha construido para buscar oportunidades de acuerdo con los perfiles de las personas. Y allí aparece nuevamente una palabra que parece definir su manera de entender la política: servir.

La frustración también hace parte del oficio

La conversación deja ver una faceta menos habitual del discurso político. ¿Qué siente un dirigente cuando alguien llega buscando ayuda y no es posible encontrar una respuesta? Lara habla de impotencia, intranquilidad y frustración.

No siempre se puede resolver el problema de quien llega a pedir ayuda, y esa imposibilidad, reconoce, también pesa. Pero cuando logra gestionar una oportunidad, habla de satisfacción y de la sensación de haber cumplido con un deber.

Es una mirada sobre la política que se aleja de los discursos electorales y se concentra en una relación cotidiana: la del dirigente con la persona que toca su puerta.

De Lara a la Casa Lara

Después de sus dos periodos como concejal, Lara decidió no volver a aspirar personalmente. Pero el equipo continuó.

Primero llegó el relevo de su hermano Nicanor, quien consiguió una curul por el Partido Liberal. Posteriormente, el turno fue para su hijo Brahyam, abogado, quien también consiguió una representación electoral.

Así fue tomando forma lo que hoy se identifica públicamente como Casa Lara, una estructura política familiar con presencia en Floridablanca.

La denominación ya hace parte del lenguaje político local. En 2026, por ejemplo, la Casa Lara abrió un espacio en el centro de Floridablanca para acompañar las candidaturas de Jaime Durán Barrera al Senado y Mario José Carvajal a la Cámara de Representantes.

En otra actividad electoral de ese mismo año, la estructura volvió a mostrar capacidad de convocatoria durante el cierre de campaña de ambos candidatos.

Más allá de las candidaturas concretas, la historia revela algo: Lara dejó de ser solamente el nombre de un dirigente para convertirse en el punto de referencia de un equipo político que involucra familia, amigos y personas que han acompañado el proceso durante años.

Una política de familia y continuidad

Lara cuenta que, de las cinco ocasiones en las que su grupo familiar se presentó a elecciones para el Concejo, en tres oportunidades obtuvieron la mayor votación dentro de la respectiva lista.

Es un dato que él mismo utiliza para explicar una trayectoria electoral que no se limita a su paso personal por el Concejo. La continuidad familiar también permite entender por qué habla de la política como una carrera de largo plazo.

No se trata solamente de ganar una elección. Se trata, en su visión, de construir un equipo capaz de continuar cuando llega el momento de que otro asuma la representación.

Ahí aparece una de las características más particulares de la Casa Lara: la combinación entre experiencia política, estructura familiar y una red de relaciones construida durante décadas.

“La política es una vocación”

Después de tantos años, Lara dice que no se arrepiente de haber escogido la política. Reconoce las decepciones, las frustraciones y los momentos difíciles. También reconoce el desprestigio que atraviesa la actividad política. Pero sostiene que para él se trata de una vocación.

Una palabra que aparece varias veces durante la conversación y que termina funcionando como síntesis de su propia explicación: servir.

“Servirle a la gente, ayudar”, dice cuando se le pregunta qué les pediría a quienes hacen parte de su equipo. Para Lara, ese es el legado que realmente importa.

No solamente los cargos ocupados, las elecciones ganadas o las posiciones alcanzadas, sino la posibilidad de mirar hacia atrás y encontrar una larga lista de personas, relaciones y momentos en los que pudo ayudar.

Después de 25 años de actividad política y social, esa parece ser su particular manera de medir el camino recorrido. Y quizá también la explicación de por qué, cuando llegan las campañas, Lara habla de recoger lo sembrado.

Porque para la Casa Lara, la elección comienza mucho antes de la campaña.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *